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Adictos al móvil: La jaula dorada del smartphone


Ningún aparato concentra tanto poder e información como el móvil pero la revolución iniciada por Apple en 2007 ha dado lugar a un buen puñado de patologías que obligará en un futuro no muy lejano a trazar varias líneas rojas.

Hace cinco o seis años, cuando el smartphone era un club exclusivo y las aplicaciones de mensajería instantánea aún caminaban en pañales, las economías más avanzadas del planeta ya dejaban ver en sus bares y en sus parques una extraña transformación, pues la gente, tan adicta al contacto social, de repente había cambiado de hábitos.

La culpa la tenían los teléfonos de última generación, especialmente la pionera familia iPhone, que acumulaba magníficas utilidades, primero el despertador y la cámara de fotos, después la agenda y el bloc de notas, al final (y hasta hoy) absolutamente todo. El móvil se ha convertido en el catalizador ideal, un terreno de juego donde compiten fabricantes de hardware, inventores de software, teleoperadoras e infinidad de actores de la industria del ocio.

La ola ha salpicado de lleno a España, donde el número de smartphones se ha duplicado en solo un lustro. Contabilizando únicamente a los adultos, hoy existen en el país alrededor de 23 millones de dispositivos. Aunque los datos varían, todos los estudios nos atribuyen un papel preeminente desde el prisma del consumidor (el 86% dispone de uno, según We Are Social; Back Market eleva ese porcentaje al 92%, por delante de Singapur, Japón, Italia y Alemania), y esa certeza encierra diversas consecuencias.

NO HAY DIFERENCIA

El dosier La Sociedad de la Información 2015, elaborado por Telefónica, desliza una pista crucial para entender la dimensión del fenómeno: "Las tecnologías en general e internet en particular han dejado de ser considerados por los usuarios como simples herramientas útiles para llevar a cabo determinadas actividades [...]. Durante años, estos usuarios han diferenciado claramente entre su vida off line (a la que daban mayor peso y, en cierto modo, mayor autenticidad), y su vida on line [...]. En la actualidad, sin embargo, esta diferenciación tiende a diluirse y la tecnología empieza a ser una parte central de la vida de las personas".

Hasta 2014, el ordenador era la puerta de entrada a la red, pero las tornas cambiaron el año pasado, cuando por primera vez el smartphone aventajó a la world wide web (88,2% versus 78,2%). La mayoría de las 34 veces que echamos mano del móvil cada día lo hacemos para sumergirnos en el absorbente yugo de WhatsApp (93,6%), tuitear nuestro último pensamiento filosófico (86,2%), sestear en las redes sociales (81,2%), consultar el correo electrónico (66,2%) y ejecutar operaciones bancarias (46,8%).

PREHISTORIA

Un repaso a la historia del móvil es un paseo repleto de hallazgos. Ricardo Pérez, profesor de Innovación Digital de IE Business School, es nuestro cicerone y nos retrotrae a la era Nokia, "porque los teléfonos al principio eran para privilegiados y experimentadores [y pesaban un par de kilos]". La batalla se libraba en dos ámbitos, "diseño y buena cobertura", y más adelante se añadió, paradoja en el reino de las seis pulgadas, la exigencia de reducir hasta el ridículo el tamaño. "Nokia fue la campeona, por eso en muchos países europeos tenía cuotas de mercado de hasta el 90%, y luego se permitió hacer cosas raras como ponerle al móvil una cámara de fotos, algo que nadie entendía para qué servía".

Poco después, las teleoperadoras nos invitaron a consumir datos desde el móvil. Más adelante, Blackberry cambió los hábitos del mundillo corporativo introduciendo el email. Era obvio que estos dispositivos cada vez resultaban más poderosos: en sus entrañas cabían los videojuegos, el GPS o la sincronización con el ordenador. Y entonces irrumpió Apple. "Con el iPhone se operó una enorme transformación en el negocio de los móviles y los contenidos. Las plataformas tecnológicas comenzaron a ser la clave, o sea, vender un servicio y alrededor ofrecer servicios adicionales, que es lo que hacía y hace Apple con la música, iCloud o Apple TV. Apple enseñó el camino a los demás integrando muchas ramas en un solo árbol, y esa plataforma ha dado lugar a otros servicios digitales que ya están por encima, porque casi todos viven en el móvil y se alimentan de internet.

DESVENTAJAS

David Corominas es consultor estratégico en Nadie The Creative Think Tank y sabe un rato de las teleoperadoras, sus estrategias y el corolario del signo de los tiempos. "El móvil supone un cambio radical en los hábitos personales, públicos, privados y profesionales. De repente tenemos en la palma de la mano una capacidad de gestión de la información como nunca antes en la historia de la humanidad. No se trata de un fenómeno de democratización. Hablamos de universalización, porque conseguir uno es barato y usarlo sencillo. El teléfono también le inyecta a la vida una velocidad que no tenía antes, y eso implica desventajas", sostiene.

Una de ellas es la prolongación del flujo de trabajo: esa cascada de emails que debes contestar, esas llamadas del jefe fuera de hora, esa asunción de que vives enganchado a la pantalla. "Tendremos que redefinir las reglas, respetar ciertas franjas horarias y asumir ciertas conductas sociales [el móvil lejos de la mesa mientras se almuerza o apagado mientras se duerme]. La perversidad del smartphone se observa especialmente en las personas que no vienen de la socialización predigital. Las redes sociales son un campo de minas. Nadie es consciente del agujero al que se tira. No es un terreno de futbito, sino un estadio mundial donde algo escrito en tus años de juventud puede costarte tu trayectoria profesional (o política). Es un asunto que debería abordarse en los colegios", advierte Corominas.

INTOXICACIÓN

En torno al idolatrado icono ha surgido un buen saco de patologías. La nomofobia es el pánico a salir de casa sin el móvil. El phubbing consiste en la imperiosa necesidad de atender al trasto ininterrumpidamente. La vibranxiety conlleva creer firmemente que el aparato ha vibrado aunque no lo haya hecho. En China funcionan unas 300 clínicas de desintoxicación, aunque en España el fenómeno aún no mueve ingentes recursos.

Saturnino Muñoz, profesor de Psicología Clínica en el Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros, aclara que "cuando el abuso se hace habitual, estamos ante un fenómeno similar a las adicciones químicas, donde hay efecto tolerancia y efecto abstinencia".

Muñoz observa en sus clases las corrientes vivas del siglo XXI: cómo el smartphone determina el estatus, cómo los chavales lo tienen siempre a mano, cómo complementan las explicaciones del profesor con búsquedas sobre la marcha en internet y cómo no tener uno, sobre todo a partir de los 13 ó 14 años, crea problemas de socialización. "El ser humano arrastra una intolerancia cada vez mayor al malestar. El aburrimiento, la soledad, la lentitud, las emociones negativas se perciben como un enemigo mortal. Vivimos en un mundo no aceptado, y el móvil lo sublima con esa imagen de multitud, de amigos que no lo son, de charlas huecas", concluye.

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